La dialéctica religiosa de la verdad.

Es importante tener presente que mucho de lo que percibimos como verdad está determinado por el discurso que se construye al rededor de la realidad. En este sentido, la dialéctica vendría a ser un conjunto de ideas estructuradas que en conjunto le dan coherencia a un discurso, argumentando a favor o en contra de lo que se dice, por medio de las tesis y la antítesis que llevan a la comprensión esencial o síntesis.

Lo anterior sirve para introducir lo siguiente:

Para algunas personas la concepción de Dios es muy distinta a la concepción que tienen otras personas, cercanas o lejanas, que pueden o no compartir su misma religión. Es decir, para algunas personas Dios tiene ciertas características, mientras que para otras tiene otras muy distintas, que por el simple hecho de ser nombradas en receptáculos dialécticos distintos, se ven como diferencias que separan, aunque en el fondo todas tengan múltiples puntos de encuentro en común.

La confusión que surge al respecto se debe a la visión dogmática que le da formato al canal de transmisión dialéctica de cada religión. Por ejemplo, algunas veces, cuando alguien habla de Dios, lo hace desde una comprensión basada en el dogma de su propia religión, asumiendo que el concepto que su credo utiliza es la única forma correcta de nombrar a lo que da vida por igual a los adeptos de todas las religiones. Lo cual les lleva a asumir que, si no se describe a eso que ellos entienden como Dios, con los dogmas de su religión, se está mintiendo, o pecando, o blasfemando; peor aun cuando alguien ni siquiera le quiere poner nombre a eso que ellos entienden como Dios, pues se dice que no cree en nada o que es ateo, un ciego dicen, que no quiere ver la verdad. Lo cual es algo paradójico, porque los que están viendo a Dios en la forma del dogma y no en el contenido de la experiencia presente y fresca, son otros; y esos otros de los cuales también somos parte muchos de nosotros, repiten, hacen y defienden su verdad, sin analizar el trasfondo de lo que sea, es, según su propia experiencia, el contenido de la palabra Dios. Palabra que cambia y varía según el idioma, contexto y creencias que construyen la cosmovisión que cada persona utiliza para definir su conexión con lo trascendental, con lo divino, lo espiritual. Conexión que por cierto es personal, y sucede incluso si no se le pone nombre, pues su expresión es en el ahora, en la esencia presente de los pequeños grandes detalles que animan el misterio de estar vivo. Por eso hay que respetar el presente de cada persona, porque Dios está en cada ser que vive. Ese es el primer gran milagro que sucede a cada instante en tiempo presente: estar vivo; y ese milagro no discrimina a ningún ser humano pues a todos les da vida por igual. Es la dialéctica propia del fanático religioso la que asume puntos de vista rígidos que encapsulan y limitan la voluntad de Dios a unos pocos, que siguen ciertos dogmas y lo “adoran” según una religión en específico, ignorando que la energía que anima al ser es igual para todos los seres.

Por eso en vez de dividir con creencias hay que unificar con experiencias, pues todos palpitamos en presente gracias a la misma esencia creadora.

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